pensar en el té me ha puesto a pensar en esa idea de la que se aprovechan los anuncios de comida nutritiva. ¿somos lo que comemos? más bien la pienso como ¿ somos lo que nos gusta comer? mi pregunta se ancla en el día que noté que el azúcar se fue de mi vida. de pronto ya no tomaba el frasco amado para casi nada.
mis recuerdos de infancia y de la vida están llenos de postres, aguas más dulces que frescas, malteadas, medicinas con azúcar [en serio, lupi nos servía las medicinas en una cuchara con azúcar, para que no pusiéramos resistencia], picafresas, bombones, cajeta, natilla y chocolates ad infinitum o al infinito y más allá, como mejor diría Buzz.
volviendo al té, jamás se me ocurriría echarle dos cucharadas, como hubiera hecho mi yo hace unos años. ¿se me compuso o se me descompuso la lengua? o más bien, voy al grano, lo que me preocupa es que yo sea la que perdió la capacidad de dulzura, no sólo de comerla, sino de ser dulce. ¿será? no sé, parece que la insipidez es lo de hoy.
no manches no me obedece mi propio blog. es imposible que escriba en el tipo de letra que yo quiero.
ResponderEliminar