miércoles, 13 de abril de 2011

nuevos vuelos

Me detengo a pensar en la responsabilidad que conlleva dar clases, estar al frente, ser guía, ejemplo, líder. Me enamoré de todos mis buenos maestros. Cuando era una adolescente hormonal, no comprendía la diferencia entre la admiración y el enamoramiento. Quizás no la entiendo todavía, pues todavía bulle la sangre cuando veo la obra, cuando escucho la voz, cuando obtengo la confianza de mis maestros. 

Pronto tendré esa responsabilidad. La cercanía de las dudas, de la apatía que se va, el interés por saber más, la mano tímida, la participación vibrante. Quiero tener sus voces, sus pensamientos, enamorarlos de la literatura. Que se acerquen despacio, rápido, aventureros de la palabra y la hagan suya.