mísero de mí, ay infelice
Es bien conocida esa sentencia que nos describe tan ahogadamente: "cuando el hombre obtiene lo que deseaba, quiere algo nuevo". Si yo fuera la optimista que a veces soy, pensaría que en realidad es una gran descripción, albergadora del secreto del ser humano: no conformarse con menos de lo que puede lograr. Sin embargo, hay semanas como estas en las que el optimismo no es el de antes, vigoroso y cursi. Más bien me acompaña esta sensación de no entender porqué no me siento satisfecha con lo que anhelé y veo cumplido. Es decir, todo está bien, pero no puedo encontrar esa fuerza que me impulsa a volver loca y a querer cambiar el mundo.
Sacúdanme. Tengo tantas cosas que hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario